Facebook: pareja gay alojó a 24 refugiados en su vivienda

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Los jóvenes quedaron sorprendidos con el gesto de los musulmanes y compartieron su historia en Facebook.

Dirk Voltz y su pareja vieron a través de las noticias a los miles de inmigrantes que llegaban hacia su país, Alemania, y decidieron dar un refugio. Luego compartieron su experiencia en Facebook.

Desde julio, con un poco de incertidumbre, ofrecieron residencia a 24 personas, entre ellos ciudadanos de Irak, Afganistán y Siria, que huyeron de la guerra, según contó en Facebook.

Pero ambos quedaron “decepcionados” cuando se dieron cuenta de que todos los estereotipos sobre la comunidad islámica, por ejemplo respecto a las relaciones homosexuales, nunca salieron a la luz.

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“Convivimos con musulmanes y en casa no se ha usado un cuchillo para nada más que cortar cebollas y carne (…) Ninguno nos insultó porque fuéramos dos hombres compartiendo una cama a medias”, se lee en el post de Facebook que ha sido compartido más de seis mil veces.

El mensaje fue como una respuesta a los alemanes preocupados por la “islamización” de ese país, también un rechazo a los mensajes ofensivos contras los refugiados.

El texto publicado el 2 de noviembre es un fenómeno viral en Facebook. Aquí puedes leerlo completo:

Es especialmente en los malos momentos cuando se debe hacer balance. El mío luce así: desde el mes de julio, 24 personas de Siria, Afganistán e Irak se han alojado con nosotros.

Los cuchillos siguen ahí, justo donde los dejé sobre la tabla de cortar, antes de que invitados de Siria o Irak llegaran.

Las llaves de nuestro dormitorio nunca se han usado, a excepción de la vez que un querido invitado de Afganistán las usó como juguete para los gatos. Nuestros cuatro gatos, viejos y gordos, se lo pasaron tan bien como él.

Pero, volviendo a los cuchillos: lo único que se ha “matado” con ellos ha sido un par de cebollas, mucho ajo y todavía más carne.

Mario y yo todavía vivimos. Quizás incluso de un modo más intenso que antes. Sí regresaremos a nuestra “vida normal”.

Por favor, ¿Qué está pasando? Ningún musulmán de los que se quedó aquí intento matarnos mientras dormíamos. Ninguno nos insultó porque fuéramos dos hombres compartiendo una cama a medias. Nadie en ningún caso dijo que prefiriera la ley Sharia sobre la Constitución alemana. Ninguno hasta ahora no ha lamentado haber dejado su país.

Si tuviéramos que contar alguna mala experiencia, solo diría que nuestros nuevos amigos usan demasiada sal y azúcar. Nada que no se pueda solucionar con una compra en el supermercado.

¿Dónde esta entonces el proceso de “islamización” de Alemania? Quizá se quedó en algún lugar de la ruta de los Balcanes -el camino que recorren muchos refugiados hasta llegar a Europa a través de Hungría-. Para los “alemanes preocupados” esa “islamización” llegará, sin duda. Si no ahora, será en 2016, 2017, 2018…

La verdadera decepción para nosotros llega en forma de un SMS cualquiera, de amenazas de muerte en la calle o de cartas insultantes dejadas en la puerta de casa.

O simplemente de los amigos de la escuela, que prefieren citar a Alternativa por Alemania (AfD) -partido euroescéptico y conservador- y quejarse. En vez de enfrentarse a la crisis, es preferible llorar como si no hubiera un mañana. ¡Despertad de una vez!

Como si se pudieran parar los movimientos migratorios. Como si se tuviera alguna influencia sobre la guerra. Como si no tuviéramos todos responsabilidad del horror y el dolor que ocurre en el mundo.

Puede ser el que Islam no pertenezca a Alemania. También pude ser que el diablo esté en todas las religiones. Quizá tenga que seguir luchando los próximos diez años por mis derechos como homosexual. Puede ser también que, en algún momento, caiga en la cuenta de que también he cometido errores.

Todo es posible, nada es obligatorio. ¿Quién sabe lo que ocurrirá algún día? Lo que sí sé con certeza es que este verano y este otoño han cambiado nuestras vidas. Podéis estar ahí para otros. O simplemente podéis seguir teniendo miedo. En ese caso lo lamento. Siento pena por aquellos que viven instalados en el miedo.

 

 

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